viernes, 18 de marzo de 2011

La verdad nos hará libres

   No somos necesariamente libres por votar cada cuatro años. Lo que caracteriza a un régimen de libertad no es el hecho de que las órdenes se den en nombre de todos, sino que sólo haya reglas generales, nunca particulares. La decisión de un parlamento puede ser tan arbitraria como la de un autócrata. Alertó Montesquieu: «Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa». Y olvidamos que en el disfrute de nuestros derechos debemos más al juez imparcial que al ejercicio plebiscitario de la soberanía popular.
   Pero no es España terreno especialmente abonado para el juez independiente. Ocupamos el puesto 66 en el ránking de independencia judicial del Foro Económico Mundial. Por detrás de países como Túnez, Egipto o Irán. Aunque brotes verdes, aquí sí, se abren camino estos días. En dos asuntos que ponen a prueba nuestro Estado de Derecho: el chivatazo a ETA y los atentados del 11-M. Dos jueces desconocidos, sin flirteo alguno con la política, dos jueces que sólo quieren ser eso, administradores de justicia, han emergido de forma natural para resolver lo que otros compañeros ocultaban bajo la mesa en beneficio del poder. «La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio», sentenció un clásico. Y eso es lo que está en juego: la verdad. Porque la verdad existe. Sólo se inventa la mentira. ¿Quién ordenó avisar a ETA de que un juez iba a desarticular su red de extorsión? ¿Quién ordenó romper la cadena de custodia de los restos de los trenes? ¿Con qué objetivo? Conocer la verdad nos hará más libres.

LA RAZÓN, 18/04/2011

viernes, 11 de marzo de 2011

Otra bandera arriada

   Desbordado por la realidad. Sin aliento idealista. Aborrecido por los suyos. Apagada su estrella. Zapatero abandonará la Moncloa habiendo arriado todas las banderas que enarboló a su triunfal llegada. La última: la del pacifismo infantil y buenista. Bajo la que presentó a su gobierno aquél domingo de abril de 2004 cuando, nada más tomar posesión, anunció su primera orden: retirada de las tropas españolas de Irak sin aviso previo a los aliados.
   Siete años después, su gobierno prepara a la sociedad española para una intervención militar. Objetivo: someter al mismo dictador al que otro gobierno socialista, el de Felipe González, ayudó a escapar del castigo de Estados Unidos hace 25 años. Entonces, todas las cancillerías europeas conocían un informe según el cual Gadafi había entregado a ETA un millón de dólares de la época. Y el New York Times informaba de la estrecha colaboración del dictador libio con la banda terrorista. No fueron argumentos suficientes. Felipe González negó a los aviones americanos el espacio aéreo para lanzar la operación ordenada por Reagan.
   Leí la semana pasada a un dirigente socialista: “Europa no debe descartar la opción militar para impedir crímenes contra la humanidad”. Ahora. Como si Gadafi no los hubiera cometido entonces. O Sadam anteayer, mientras ellos vociferaban contra Bush. Como si Fidel y Raúl Castro no los siguieran cometiendo hoy cuando nuestros socialistas les cortejan. O el estalinista Kim Jong-il cuando mata de hambre a los coreanos ante la pasividad internacional. Es la impostura permanente de la izquierda, no sólo española. La que calla cuando Obama recupera los juicios militares a los presos de Guantánamo por los que demonizó a su predecesor.

LA RAZÓN, 11/03/2011

domingo, 6 de marzo de 2011

Cantinela paternalista

   La izquierda tiene un problema con la libertad. Sencillamente, no le gusta. Le molesta que podamos decidir, en el ejercicio de la responsabilidad individual, cuestiones básicas de nuestra vida: en qué gastar las rentas de nuestro esfuerzo, qué educación queremos para nuestros hijos, qué médico preferimos que nos asista, qué nos apetece comer o beber y, ahora, hasta cómo y en qué debemos ahorrar cuando las cosas van mal. Prefiere el control, el dirigismo y la imposición. Siempre por nuestro bien, por supuesto. En su obsesión por librarnos del trabajo de pensar y de todas las dificultades de la vida, la izquierda sería feliz dictándonos el voto. Como no puede, trata de asegurárselo mediante la dependencia que fomenta el subsidio y la subvención. Está en su manual de gobierno. Desde siempre.
   Con las arcas públicas vacías por la crisis y una política de gasto desenfrenado, la jugada ahora se complica. Y no deja de sorprender que, acreditada su incapacidad para la gestión de los problemas reales, Zapatero sea incapaz de controlar su pulsión liberticida en momentos tan difíciles para él y su gobierno. Al no poder tirar de la chequera para anestesiar rechazos y comprar voluntades, el empecinamiento en cincelar un hombre nuevo a golpes de su ideario progresista termina irritando a todo el mundo: pensionistas, funcionarios, parados, familias, internautas, empresarios, automovilistas, autónomos, fumadores... Todos hartos. No de su tutela buenista. Hartos de tanta burla. Porque no es lo mismo reducir la velocidad en el conjunto de un plan global, serio y responsable de ahorro energético, que imponerla a la vez que el dinero público se despilfarra en subvencionar energías deficitarias por un prejuicio ideológico, el mismo que desprecia también otras más baratas. Igual que no hubiera sido lo mismo atajar el problema del tabaco en los lugares públicos en época de prosperidad que cuando pone en peligro tantos negocios y empleos. Si encima tenemos que soportar la cantinela paternalista de que todo es por nuestro bien, pues así estamos. Hasta el gorro.

LA RAZON, 6/03/2011

viernes, 4 de marzo de 2011

Lo que Chaves no quiere ver

   El fraude de las jubilaciones andaluzas no es un asunto de cuatro golfos, como Chaves quiere hacernos creer. Es algo mucho peor: una trama de pillaje encajada en la propia administración que él presidió. 650 millones de euros procedentes de los impuestos de todos los andaluces fueron sustraídos al control público –y esto es lo trascendente– por decisiones de la propia Junta de Andalucía para, una vez convertidos en dinero opaco, ser distribuidos entre determinadas empresas sin ningún tipo de publicidad y fiscalización. Esta es la naturaleza del delito, tal como lo describe la Policía.
   ¿Cómo fue posible? Mediante la ingeniería burocrática de un régimen espoleado por un sentimiento de impunidad tras décadas de poder incuestionado: un convenido con la Consejería de Empleo cedió al Instituto de Fomento, sometido a un control administrativo laxo, el reparto de los fondos. ¿Entre quiénes? Se deduce de la conversación que dos empresarios extorsionados grabaron al director de Mercasevilla, origen de todo el escándalo: “La Junta colabora con los que colaboran”. Las empresas “amigas” recibieron ayudas que no se publicaron nunca en el Boletín Oficial, negándose al resto de las empresas en dificultades económicas la información y la posibilidad de acceder a ellas. ¿Para qué? No desde luego para ayudar a “criaturas necesitadas”, como ayer dijo el que fuera director de Trabajo con Chaves.
   En pesetas, la cifra es mareante: 100.000 millones. Lo verdaderamente grave, que se repartieron entre partidarios y simpatizantes al amparo de una fórmula pergeñada por la propia administración para eludir su fiscalización y permeable a toda una red de intermediarios y bribones encargados de burlar la Inspección de Trabajo. Por cuantía y naturaleza, el caso más grave de cuantos se investigan hoy en España por la gestión de fondos públicos.

LA RAZÓN, 4/03/2011

viernes, 25 de febrero de 2011

El PSOE y el 23-F

   Tiene razón Felipe González, y no el Rey. Del 23-F queda mucho por conocer. Del papel que jugó el PSOE, sobre todo. Lo ha dejado escrito Jordi Pujol en sus memorias: "El PSOE tenía una auténtica obsesión por hacer caer a Suárez. Una prueba de ello es la visita que el destacado líder socialista Enrique Múgica me había hecho a finales del verano de 1980 a mi casa de Premià de Dalt para preguntarme cómo veríamos que se forzase la dimisión del presidente del Gobierno y su sustitución por un militar de mentalidad democrática. Manifesté mi total desacuerdo".
   El 22 de octubre de 1980, apenas cuatro meses antes del golpe, el entonces número tres del PSOE, Enrique Múgica, y el segundo de los socialistas catalanes, Joan Raventós, cenaron con el general Armada en Lérida. Según Francisco Laína, responsable de la Seguridad del Estado el día del golpe, “lo que no ha negado nadie es que hubo un informe que Múgica pasa al PSOE sobre sus conversaciones de Lérida. Un informe a nivel orgánico, que pudo llegar a González o a Guerra, aunque no lo sé. Tengo a Múgica de vecino y alguna vez le digo: ‘Tendremos que hablar algún día de los antecedentes del 23-F’, y siempre me ha dicho: ‘Esas cosas, mejor es dejarlas’".
   Por mucho que molestara a González, el lamento de Bono por las críticas “inmisericordes” y “horribles” del PSOE a Suárez no es un ejercicio de autocrítica suficiente sobre el papel que el PSOE jugó en el capítulo más negro de nuestra joven democracia.

LA RAZÓN, 25/02/2011

viernes, 18 de febrero de 2011

El negocio del paro

   La realidad es diabólica. Un gobierno torpe condena a millones de españoles al paro y transforma el desempleo galopante en excelente oportunidad de negocio para los más avispados. Los sindicatos, por ejemplo. Cuántos más trabajadores pierden su empleo, más ingresos llegan a sus arcas. No porque aumenten las subvenciones públicas, que también, sino porque por cada trabajador incluido en alguno de los frecuentes Expedientes de Regulación de Empleo que se aprueban, CCOO y UGT cobran un porcentaje en concepto de “asesoramiento en la negociación” que se devenga de la cantidad que cada empleado recibe por su despido.
   El dividendo que los desaprensivos extraen de la crisis ha adquirido una dimensión repugnante Andalucía. Dinero público a espuertas para jubilaciones fraudulentas de personas en edad de trabajar que no han dado un palo al agua en su vida, pero tenían el carné político y/o sindical apropiado en la boca. El drama del paro convertido en lucro de sinvergüenzas que presumían de defender los derechos de los trabajadores. Desde que Luis Roldán, también militante socialista y de UGT, robó a los huérfanos de la Guardia Civil no asistíamos a un latrocinio tan moralmente abyecto. No es casualidad que semejante vileza sea posible en la Andalucía de hoy: 30 años de poder socialista omnímodo, 30 por ciento de la población sin trabajo y una riada permanente de fondos públicos para asegurar un régimen clientelar. Esta cultura generalizada del subsidio y la dependencia, fomentada por unos y dócilmente asumida por otros, es la que corroe los resortes éticos de toda sociedad frente a la corrupción. Así nos va.

LA RAZÓN, 18/02/2011

miércoles, 16 de febrero de 2011

Lección de Milton Friedman



   Ahí os dejo una nueva lección de Milton Friedman. Contra la demagogia bienintencionada, realidades claras y argumentos sólidos. La economía no miente. Funciona o no. Simplemente.