Delirante el interés de El País por convertir la matanza de un demente (otro más, como el que acabó con John Lennon o lo intentó con Ronald Reagan) en un crimen político alentado por el Tea Party. Dice en su editorial el otraora diario independiente de la mañana que no es extraño que el asesinato se haya producido en Arizona, estado que "ha tratado de convertir la inmigración ilegal en un delito". ¿Qué parte de la palabra ilegal no ha entendido el editorialista? Ilegal, según la Real Academia de la Lengua: que va contra la ley. Delito: quebrantamiento de la ley. No hay ilegalidad que no sea delito. Aquí y en Arizona. Le guste o no a El País. ¿Tan difícil es de entender?
Pero hay más. Insinúa el diario progre que la matanza de Tucson se produce en el contexto de "la degradación política que vive el país, en especial tras las las elecciones del pasado noviembre, en la que los republicanos obtuvieron la mayoría en el Congreso". Naturalmente, si los americanos que eligieron a Obama no hubieran dedicido castigarlo en las urnas sólo dos años después, no existiría degradación política alguna, sino determinación y clarividencia, que es lo que nuestra izquierda reconoce a los ciudadanos estadounidenses sólo cuando votan a los demócratas. De lo contrario, son unos paletos cowboys que empuñan un revólver en una mano mientras con la otra se beben una Budweiser.
Y la guinda de El País. "Incluso sin el ataque contra Giffords, los modos de hacer política instaurados por el Tea Party constituían un peligro creciente para la salud del sistema democrático en la primera potencia mundial". Así que ya saben: promover los valores fundacionales de la nación libre más antigua del planeta y la única que siempre lo ha sido en su historia, defender un gobierno reducido y alentar la reducción de impuestos son un peligro desestabilizador para la democracia. Y más aún si millones de ciudadanos lo respaldan libremente en las urnas.
En fin, otro caso más para la dilatada historia de la obsesión antiamericana que con tanto acierto diseccionó Jean-François Revel antes de morir.
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