viernes, 1 de julio de 2011

Nación en busca de futuro

   Decía Ortega que las naciones se forman y viven de tener un programa para mañana. España chapotea hoy en el lodazal de la política pequeña. Sin grandeza. Tan necesaria en tiempos difíciles. Hemos asistido a dos días de debate miope sobre el estado de la nación, sin más interés que el partidista. El presidente, en desesperado intento por reivindicarse ante la historia. Castigando el hígado de un rival noqueado que no termina de arrojar la toalla, el aspirante. Con los españoles esperando que se les permita emitir veredicto.
   No es verdad que Rajoy carezca de programa alternativo frente a la crisis. En la memoria colectiva está el balance de los gobiernos del PP entre 1996 y 2004, etapa de acreditada prosperidad tras otra lamentable herencia socialista. Pero el reto presenta esta vez una dimensión nueva. Gran parte del tormento económico tiene raíces políticas, sociales y morales de las que nadie ha hablado estos tres días.
   Un modelo educativo alejado del mérito, el esfuerzo y la disciplina; una organización territorial financieramente insostenible que fractura además la igualdad de los españoles; una ley electoral que habilita a los nacionalistas para el chantaje permanente y alimenta su desafío secesionista; un poder judicial tutelado por la mayoría política; el peligroso cuestionamiento en la calle del sistema democrático con la complicidad de una izquierda irresponsable; los grandes consensos de la Transición hechos pedazos; la Constitución convertida en papel mojado; la convivencia deteriorada por el sectarismo… Colosal tarea la que aguarda al futuro gobierno: volver a levantar un proyecto común. Sin él, no habrá nación. Por muchos debates que en su nombre se celebren.

LA RAZÓN, 1/07/2011

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