Con un pedestal en la historia del rock and roll que ya nadie podrá arrebatarle, 63 años a las espaldas y una cuenta corriente de la que podrán nutrirse varias generaciones, no deja de sorprender la fortaleza de Springsteen para mantener viva su capacidad creativa. Podría disfrutar del rédito y recrearse en la fórmula del éxito. Le bastaría para seguir llenando recintos, noche tras noche, con su legendaria exhibición de derroche físico e interpretación apasionada. Pero no sería Springsteen. Sería un remedo. Una farsa grotesca. Y él es todo lo contrario: una voz honesta. Con la que puedes o no estar de acuerdo en el camino que elige en cada momento, pero a la que reconoces hacerlo sin atender a otros intereses (mercado, listas de éxito, fans…) que no sean los de las convicciones íntimas del propio artista. A la monumental trilogía del rock que fue “Born to Run, “Darkness On the Edge Of Town” y “The River” le sucedió el desnudo “Nebraska” y cuando Springsteen alcanzó la cima del éxito mundial con “Born in the USA”, huyó de ella con el intimista “Tunnel of Love”. Luego llegaron discos sin la E Street Band, experiencias folk, contoneos con el pop...
Nos entrega ahora “Wrecking Ball”. Otra excelente demostración de su capacidad para reinventarse sin ceder a la nostalgia. Porque quizá ésta sea la clave de su dilatada carrera sin una merma de credibilidad. No lo tenía fácil: primer disco sin Clarence Clemons, icono de la comunidad creada por Springsteen y parte esencial de su sonido. El resultado es espléndido. Y original. Once temas repletos de vigor y energía en los que funde todos los estilos de la música popular americana en algo novedoso y excitante. “Wrecking Ball” es heredero del Springsteen seducido por el folk en “We Shall Overcome” de la Seeger Sesions, pero no se trata de una entrega continuista. Springsteen ha creado algo nuevo con ingredientes de la máxima calidad. De acuerdo: le sobran samples, loops y tanta ingeniería de Ron Anniello, pero que nadie desprecie “Rocky Ground” por su guiño al hip hop ¿Por qué no puede ser la música de la calle otra fuente de inspiración (como lo fue el rock de los 50 y el soul en los principios de su carrera, y ahora lo son el góspel, el country y el folk que incluso se remonta a la época del Mayflower) para un artista que lo absorbe todo, lo pasa por la termomix de su instinto creador, y lo ofrece luego como algo renovado?.
Los que añoren el sonido musculoso de la E Street Band se sentirán reconfortados precisamente en los dos himnos patrióticos de un álbum cargado de reproches y lamentos, cuando no ira, por las promesas rotas. Son “We Take Care of Our Own” (“Cuidamos de los nuestros allá donde ondee esta bandera”), en la que Springsteen, vale, no debería haber consentido a Aniello meter tanta mano en la mesa de producción, y “Land of Hope and Dreams” (“Sube a este tren donde los sueños no se verán frustrados, sube a este tren donde la fe será recompensada, sube a este tren con sus ruedas de acero cantando como campanas de libertad”), la mejor canción que ha compuesto Springsteen desde que reunió a la banda en 1999. Conserva el poderoso saxo de Clarence Clemons en una versión que conocemos desde que la estrenara aquel año en Barcelona, pero ahora contextualizada mejor en su espíritu cuasi religioso gracias a un profundo arranque góspel y un tributo final al “People Get Ready” de Curtis Mayfield similar al que ofrecía en directo. El tren de “Land of Hope and Dreams” es la metáfora de la América abierta e integradora que Springsteen ha reivindicado desde sus inicios. Y por extensión, de la E Street Band, que se ofrece a transportarnos, sin exclusiones, con su mensaje universal.
En este viaje en busca de un nuevo sonido, Springsteen ha vuelto a escarbar con devoción en las raíces de la tierra americana para actualizar el legado de Woody Guthrie y completar un puñado de historias para tiempos difíciles. Canciones de lucha en la vida cotidiana, como siempre. De fe y esperanza en los valores compartidos, como siempre también. Pero salvo “This Depression” (rock estandarizado que se convierte en lo peor del disco), todas musicalmente animosas, cuando no bailables, con frecuentes palmas acompañando sus estribillos, coros siempre inflamados por sangre negra y unos vientos con protagonismo deslumbrante. Se escucha a una E Street Band renovada en la fabulosa “Wrecking Ball” (“Cuando tus mejores esperanzas y anhelos son esparcidos al viento y los momentos duros vienen…”), anuncio de lo que será la banda sin The Big Man, donde la épica del saxo, e incluso de las guitarras, puede ser sustituida por el ardor interpretativo de Springsteen y una trompeta valiente. “Easy Money” se cantaría a coro en cualquier taberna irlandesa mientras las pintas corren de mesa en mesa (“Ponte el vestido rojo para mí esta noche, cariño. Nos vamos a la ciudad ahora, en busca de dinero fácil”). “Death To My Hometown” suena a marcha de ejército popular irlandés orgulloso y desafiante aún en la derrota (“Los malvados atacaron a oscuras. Y trajeron la muerte a nuestra ciudad, chicos”). “Shackled and Drawn” es enérgico y sudoroso góspel rural cantado como letanía por la garganta enojada de un desheredado (“Encadenado y cautivo, encadenado y cautivo. Recoge la roca hijo y sigue adelante”). El emotivo vals de “Jack Of All Trades” (“Resistimos la sequía y resistiremos el diluvio. Un nuevo mundo está llegando. Puedo divisar su luz. Soy aprendiz de todo. Cariño, estaremos bien”) nos devuelve ecos de la Guerra Civil americana y sorprende en su final con un intenso solo de guitarra, el mejor en un disco de Bruce en años, muchos años (¡gracias Tom Morello!). “You’ve Got It” nos muestra al Springsteen rocker en un corte sensual y de espléndidas guitarras que podría haber ocupado el lugar de “I’m On Fire” en “Born in the USA” o de “You Can Look” en “The River”. Y cierra el disco “We Are Alive”, un country que galopa sereno y esperanzado (“Aunque los cuerpos yacen abandonados aquí en la oscuridad, nuestras almas y espíritus renacen para portar el fuego y encender la chispa. Para luchar hombro con hombro y corazón con corazón. Estamos vivos”) con aires de frontera en trompetas que evocan al “Ring of Fire” de Johnny Cash.
Sí, Springsteen está vivo. Hace ya más de tres décadas que creó sus obras monumentales. Pero la vida avanza, algunos de los suyos han quedado en el camino, y el cantautor de New Jersey no está dispuesto a detenerse en la complacencia. Estaría traicionando lo que es, un compositor de canciones: “De eso trata mi trabajo… gente que tropieza con sus ilusiones, las deja de lado e intenta avanzar un poco más y encontrar algo real. Y después chocas con tus ilusiones más profundas, intentas evadirlas y mientras pasas por todo esto intentas no perderte en la distorsión de la fama, el éxito y todo lo que conlleva tu trabajo. Es un largo viaje”. Que dure mucho tiempo.
Publicado en The Stone Pony
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