jueves, 21 de febrero de 2013

Caminos opuestos



   No por reiterada deja de sorprender. La incapacidad de la izquierda, y de la izquierda de la izquierda en la que ayer se instaló Rubalcaba, para comprender los fundamentos básicos de la economía real. Y con ellas, gran parte de una sociedad que sigue bajo los efectos de una alucinación colectiva: creer que los Gobiernos son el motor del crecimiento económico. Y que gastando más, los problemas se esfuman.
   La economía funciona o no. Es una ciencia. No una creencia. Su terca realidad puede disfrazarse con expresiones (la de “políticas de estímulo al crecimiento” ha hecho fortuna) diseñadas para la seducción de una opinión pública receptiva a las fórmulas simples. Pero el problema nunca puede ser la solución. Ni siquiera con la alquimia económica que, con su charlatanería de feriante, la izquierda vende como ciencia para mantener en el engaño a las propias víctimas de una falsa ilusión: la de creer que la prosperidad es un derecho natural, no el fruto de políticas acertadas, a veces impopulares. No se puede estimular la economía con dinero prestado cuando el exceso de la deuda fue lo que nos trajo hasta aquí.
   “Estamos pagando un precio muy alto por aprender que no se puede gastar lo que no se tiene, que no se puede vivir siempre de prestado y que hay que contar más despacio el dinero que le pedimos a la gente”. La frase de Rajoy es la de alguien que gobierna sobre realidades y, sin miedo a la impopularidad, apela a ciudadanos adultos. La propuesta de Rubalcaba de destinar 1.000 millones de no se sabe dónde para erradicar la pobreza cosecharía encendidos aplausos en la gala de los Goya. Es el conocido camino de la demagogia. Sabemos adónde conduce.

LA RAZÓN, 21/02/2012

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