viernes, 10 de junio de 2011

Geometría moral variable

   “Yo a los palacios sólo iría para asaltarlos, como el Palacio de Invierno en el 17”. La frase es de Daniel Morcillo, concejal de madrileño de IU, en su intervención de despedida. No repetirá legislatura y no asistirá, por tanto, a ningún pleno en la nueva sede del Palacio de Correos. ¿Provocación? Estoy seguro que convicción. La de un comunista que, aunque joven, venera aquél 25 de octubre de 1917 como algo distinto de lo que fue: el comienzo de la dictadura más atroz que mediante la aplicación del terror de masas convertiría al régimen soviético en el primer estado totalitario de la historia, el que más se prolongó en el tiempo y el que más gente mató con su expansión ideológica por los cinco continentes durante el siglo XX. ¿Reprochará alguien al ya ex concejal Morcillo su complicidad moral con aquella barbaridad criminal? No lo esperen. Están ocupados en linchar a la Academia de la Historia por una muy mejorable reseña biográfica del dictador Franco. Silencio también entre quienes se pasan el día denunciando a una derecha extrema mientras se aferran al poder con el salvavidas que les presta una izquierda nostálgica de la utopía leninista. Así que no nos extrañe que se muera Jorge Semprún y, en un mar de halagos “a la memoria vivida y la verdad histórica”, casi todo el mundo pase por alto el papel que jugó como kapo comunista en la administración de Buchenwald y nadie censure que nunca se arrepintiera o renegara de su militancia stalinista (“Creo que en aquél momento había una justificación para ello”). Así es la izquierda, tan condescendiente con sus errores, tan intransigente con los de otros. Geometría moral variable. Y abyecta.

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