Los socialistas no han entendido la naturaleza de su derrota. Así será difícil que encaren con acierto ese futuro en el que España necesita de una izquierda moderada y nacional. Están enzarzados desde el 20-N en una pelea de nombres, cuando su primer problema no es de liderazgo. Es de ideas. De ausencia de proyecto para tiempos nuevos. Y de memoria. De lo difícil que será borrar la huella que estos ocho años de incompetencia han dejado en los españoles, con todos sus dirigentes cómplices del desmán consentido que ha sido el zapaterismo. Ya pueden engañarse a sí mismos con la cantinela de que el PP sólo ha cosechado 500.000 votos más. Ésta es precisamente la cuestión: por qué ante un rival sin un crecimiento destacado el PSOE ha perdido 4,3 millones de votos y el 40 por ciento de su clientela, hasta conducirle a su peor resultado desde 1933, que se dice pronto.
No son pocos los socialistas convencidos de que la crisis causará también estragos en el PP, se tornarán entonces las cosas y la cruda realidad volverá a convertirles automáticamente en opción de gobierno. Hay síntomas de que los españoles ya no responden a estímulos tan simples. La derrota del PSOE es algo más que un tropiezo coyuntural en una democracia de alternancia. Con un Portugal intervenido, ni Sócrates fue derrotado por un margen tan amplio como el de Rubalcaba frente a Rajoy. La gente huye desengañada de un PSOE sin atractivo tampoco para las nuevas generaciones. Este es el problema, pero no parecen muy interesados en descubrir sus causas. Quizá les asusten.
LA RZÓN, 9/12/2011
No hay comentarios:
Publicar un comentario