viernes, 23 de diciembre de 2011

El cambio en marcha

   El mundo no será igual después de esta crisis. Nos guste o no, saldremos de ella con un cambio cultural que implicará otra forma de vida. Lo anuncia la derrota del socialismo en España, de dimensión más profunda que la de la lógica alternancia democrática por un ciclo político agotado. Considerados un país sociológicamente de centro-izquierda, hemos otorgado a la derecha la mayor concentración de poder nunca vista en democracia coincidiendo con la encrucijada histórica en la que nos jugamos el bienestar que tantas generaciones ha costado alcanzar.
   No comparto el extendido análisis de que Rajoy ha sido investido presidente con un programa de pragmatismo desideologizado. Tecnocrático lo tilda esa izquierda que siempre gusta de acuñar conceptos simples para la demonización de aquello que detesta. Pero la tecnocracia no existe. Hay políticas distintas que, al ser aplicadas, generan prosperidad o sólo traen miseria.
   A unos españoles de los que ocho de cada diez creen que el Gobierno está para resolver sus problemas, Rajoy les dijo el lunes: “Han de ser los españoles, y no el Gobierno, los motores del cambio, los protagonistas de la reforma, los agentes de la recuperación (…) La tarea del Gobierno no consiste en suplantar a la Nación, sino en coordinar sus esfuerzos y facilitar sus tareas”. Es una propuesta revolucionaria. Expresada sin aliento épico y retórica emocional, es verdad. Pero ideológicamente subversiva para la cultura dominante del paternalismo estatal en la que vivimos cómodamente instalados gracias a una ficción: creer que todo el mundo puede vivir a costa de todos los demás.

LA RAZÓN, 23/12/2011

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