Si Rubalcaba pasa por ser un hombre de estado, ayer tuvo un mal día. Con España asomándose al abismo, ofreció apoyo al Gobierno en su llamamiento para que el BCE intervenga en favor de la estabilización del euro y reconoció: “No es momento de críticas”. Pero no pudo morderse la lengua y después tildó varias veces de “desastrosa” la gestión de Rajoy. Los españoles asisten con justificada preocupación a una emergencia nacional. Y en situaciones así, no hay medias tintas: arrimas el hombro o mejor no estorbes. Sorber y soplar a la vez es imposible. Incluso para Rubalcaba. Empujado seguramente por su debilidad interna frente al avance del “chaconismo” y la desesperación que produce no subir en las encuestas, el líder socialista cede fácilmente a la deslealtad. Si cree que es el atajo para recuperar respaldo electoral en tiempos tan difíciles, desprecia la fuerza de la memoria colectiva. Esa que recuerda que fue su Gobierno quien pronosticó en agosto de 2007 que la crisis financiera desatada en EEUU tendría un impacto pequeño en la economía española, que no ha olvidado la defensa que se hizo del sistema financiero español como el mejor del mundo, y que aún escucha los ecos del último vaticinio, unas semanas antes de que los socialistas abandonaran el poder: la banca española no necesitará un rescate público. Un amplio serial de falsedades, ocultaciones y despropósitos que Angela Merkel sintetizó ayer al justificar el préstamo solicitado por Rajoy: ayudará a superar diez años de irresponsabilidades. ¿Dónde estuvo Rubalcaba esos años? ¿Qué Gobierno vicepresidía en junio de 2011 cuando, mientras los demás países habían saneado ya sus bancos, aseguraba que “en España estos problemas son menores porque tenemos una banca bien supervisada”? Pues eso.
LA RAZÓN, 15/06/2012
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