Vivimos inmersos en una gran mascarada: cómo utilizar el dinero de los demás para ayudarme a mí mismo. Mas y Griñán intentan arrancar de Rajoy lo mismo que éste de Merkel. Una dosis de respiración asistida en forma de crédito fácil que nos permita a todos seguir tirando hasta final de mes. Con la diferencia de que es Merkel, no Rajoy, la única con el poder de inyectar más billetes en el sistema para mantenerlo a flote. Más madera mientras la burbuja de la deuda se hincha. Política de luces cortas para tiempos de urgencias. No resuelve ninguno de los problemas de fondo que tiene planteados España, pero permite pagar las facturas y tomar aire ante la amenaza de insolvencia. No le falta razón al denostado presidente del Bundesbank cuando afirma que “si los políticos tienen la impresión de que pueden pasarle su responsabilidad a otras instancias, optarán por la salida fácil”. Ni Merkel puede resolver los auténticos problemas de España convirtiendo el BCE en una fábrica de billetes, ni la bancarrota catalana y andaluza son culpa del centralismo voraz. El victimismo puede recaudar votos, pero no ofrece soluciones. Un informe del Foro Económico Mundial sitúa a España a la cola mundial en control de déficit y deuda pública. No somos de fiar, aunque en EE.UU. y Alemania el peso de la deuda sea superior. Esta es la cuestión. Recuperar la credibilidad es trabajo nuestro. Merkel avala las reformas de Rajoy. Nunca se ha hecho tanto en tan poco tiempo para revertir una herencia sin par. Antes de que sea tarde, tendremos que encarar las inevitables: una organización estatal que dispara el gasto, una partitocracia corrosiva y un modelo de bienestar social inviable. Si mostramos determinación, Merkel y Draghi no nos desconectarán la respiración asistida. En nuestras manos está.
LA RAZÓN, 7/09/2012

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