viernes, 19 de abril de 2013

Qué modernos tan antiguos

   Ofrece soluciones fáciles para todos los problemas, incluso los generados durante sus 22 años de gobierno en 33 años de democracia. Muestra, en cambio, una incapacidad irritante para resolver los propios. Aquellos que le están condenando a la irrelevancia. Y lo que es peor, convirtiéndole en un problema para esta España necesitada de estabilidad y prudencia. Éste es el PSOE. Aboga por una monarquía moderna, del siglo XXI dice, quien ha metido la marcha atrás para abrazar políticas decimonónicas a las que había renunciado cuando rompió con el marxismo. Tiene gracia que los consejos de modernidad provengan del partido liderado por un político con mucho pasado y ningún futuro. En este arrebato por la modernidad de los demás, el PSOE pudo aconsejar al sindicato hermano que aprovechara su congreso para finiquitar a un Cándido Méndez aferrado a un mandato insólito en nuestra historia democrática. Así se desangra el PSOE. Por la ausencia de credibilidad. Aplaude a los engañados por las preferentes cuando éstas se comercializaron bajo el gobierno de Zapatero y en los consejos de las Cajas se lucraban socialistas y sindicalistas. Agita la turba contra los desahucios cuando su gobierno aprobó la ley para agilizarlos y las víctimas eran entonces tildadas por Chacón de “morosos profesionales”. Al PSOE le han reventado las costuras del compromiso nacional. Desparrama ahora los excesos izquierdistas que tenía contenidos, no extinguidos: la aversión por la propiedad (ajena, claro), la pulsión chavista por el “¡exprópiese!”, la tentación totalitaria que aprecia el megáfono en la calle más que el voto en la urna… No engañó Rubalcaba: “Vamos a hacer un proyecto político en el que si un socialista de hace 100 años levantara la cabeza se reconociera inmediatamente y exclamara: ¡Estos son los míos!”. Grotesco verles rivalizar con IU por quién levanta el puño más alto y luce mejor la camiseta del Ché. ¡Qué modernos!

LA RAZÓN, 19/04/2013

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