jueves, 10 de octubre de 2013

El bisturí de Alaya

  
 Alaya no investiga un caso de corrupción más, aunque sea el más grave por número de imputados (161) y la cantidad defraudada (1.217 millones). Con voluntad inquebrantable en la función de su magistratura y la precisión de un cirujano, Alaya está diseccionando un régimen de poder articulado durante treinta años de ejercicio ininterrumpido. No es casualidad que Andalucía sea la única región española que desconoce la alternancia política. El monocultivo socialista ha tejido una red clientelar fortalecida a medida que la sensación de impunidad crecía en un poder político que se reconocía invulnerable. Lo que no pudieron destapar los medios de comunicación ni la oposición política lo está logrando esta juez paciente. Ha quedado descrito en sus autos: “Estaríamos ante un sistema perfectamente establecido, en el que la concesión de ayudas se convierte en el verdadero negocio”. El poder diseña el artificio contable opaco, lo envuelve con el celofán de las “ayudas públicas” y el erario se escapa sin control regando un negocio que llega a todos: sindicatos, aseguradoras, amiguetes y a una administración que se garantiza la ”paz social”. A más ayudas, más negocio y mayor estabilidad para el régimen. La Arcadia feliz del socialismo. Abierta ahora en canal por el bisturí de esta juez valiente para mostrarnos sus entrañas putrefactas. “Se están llenando sus bolsillos”, clamaba el capo de UGT en Cádiz, ahora detenido, para agitar la huelga contra Rajoy. Alaya nos permite conocer la realidad que escondía aquella frase. El latrocinio andaluz avergonzaría a Robin Hood. Decían defender a los trabajadores y se han aprovechado del drama del paro para enriquecerse en el mayor latifundio del desempleo en Europa.

LA RAZÓN, 10/10/2013

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