Tantos años de complicidad con los adversarios del PP a cualquier precio y en cualquier lugar donde el poder fuera la recompensa de los pactos más vergonzantes para un partido que reconocía así su debilidad, han conducido al socialismo a situaciones tan rocambolescas como la que ahora enfrenta en Cataluña. Obligado a expulsar de sus filas a quienes defienden lo que el PSC defendía en su programa electoral hace poco más de un año: una consulta por el derecho a decidir. “Nunca votaremos contra el derecho a decidir”, desafiaba Pere Navarro el pasado octubre en Madrid. Los socialistas catalanes se habían abstenido en el Congreso para no respaldar una votación sobre el derecho a decidir de todos los españoles en un asunto que, como el de la independencia de aquella región, corresponde al titular de la soberanía nacional: el pueblo español en su conjunto.
Bienvenido el giro del socialismo catalán corrigiéndose a sí mismo y su deriva anti-española. Incluso aunque lo haya hecho forzado por un órdago secesionista que dejó su ambigüedad sin más recorrido. Pero resulta fantástico que la número dos del PSOE, Elena Valenciano, alerte ahora al Gobierno y al resto de los partidos de que hay que tomarse “muy en serio” lo que sucede en Cataluña. ¿En serio? En situación distinta estaríamos si ella, y su partido, no se hubieran tomado a broma el abrazo de Zapatero al Estatut de Maragall, el gobierno conjunto con los independentistas, el cordón sanitario del Tinell... Y, sobre todo, si el PSOE dejara de jugar a la confusión con esa propuesta federalista que enmascara su indefinición en defensa de la Constitución y la nación española.
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