miércoles, 20 de octubre de 2010

España exhausta

   No es casualidad que el PNV haya asestado con Zapatero el mayor zarpazo depredador al Estado en 30 años. Es cierto que su debilidad extrema le convertía en presa fácil para la extorsión. También que el promotor de la nación como “concepto discutido y discutible” no es el mejor baluarte de lo que nos une. Pero estaba en el guión. Zapatero quebró el régimen constitucional del 78 cuando convirtió a las minorías nacionalistas en socios preferentes para postergar al PP. Y ahí seguimos.

   No debería sorprendernos. Cualquier líder nacionalista y Zapatero responden al mismo modelo: utilización racional de lo visceral para la conquista del poder. El primero explota el amor a las propias raíces y la hostilidad ancestral al extraño; el segundo, el deseo de vivir sin trabajar y el rencor hacia el que más tiene (camuflados, naturalmente, bajo los eufemismos de solidaridad e igualdad). Objetivos liberticidas los de ambos. Como socialista, Zapatero pretende el control de la sociedad por el Estado mediante la tutela permanente y obsesiva de los individuos. El nacionalismo sólo se considera realizado cuando funde Estado y sociedad en un monstruo (pueblo lo llaman) totalizador y opresivo. Los dos olvidan que no hay sociedad ni pueblo. Sólo ciudadanos. Con nombres y apellidos. Y son ellos los titulares de los derechos, siempre individuales, nunca colectivos.

   Nadie podrá negarle al presidente el afán por ajustar su mandato a estos criterios. Pagaremos las consecuencias. Su convergencia con un nacionalismo rapaz va a dejar exhausta a España.

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