viernes, 15 de octubre de 2010

Son las ideas

   ¿Crisis de gobierno? Igual da. Amortizado Zapatero, el problema del socialismo español no es de nombres. Es de ideas. Concretamente, de la insolvencia de sus ideas para encarar los retos del presente. Es el mismo lastre de la socialdemocracia europea, expulsada ya de casi todos los gobiernos. Desde que los cascotes del Muro de Berlín sepultaran sus referentes ideológicos, lleva dos décadas (con Blair como excepción) intentado reformularse con un potaje de compleja digestión: dosis de ecologismo radical por aquí; regusto antiglobalizador por allá; el pacifismo irredento de siempre. Ahora, cuando creía que la crisis anunciaba el final del capitalismo, y la amenaza al Estado del Bienestar la convertiría ante la opinión pública en su mejor garante, resulta que es la propia socialdemocracia quien se hunde como alternativa.

   Que el PSOE encuentre un líder menos vacuo y más capaz no será difícil. Más complicado será su acomodo al gran desafío de nuestro tiempo: cómo conjugar bienestar y crecimiento económico. Cameron es acusado de dinamitar el Estado del Bienestar por liquidar el despropósito de que alguien sin trabajar pueda ganar más con los subsidios que su vecino con un empleo de sol a sol. A la izquierda se le llena la boca de derechos y protección social, pero no tiene respuestas para garantizar la viabilidad económica que los hace posibles. Siempre le ha interesado más la dependencia gestada por la subvención permanente que la independencia de una sociedad protagonizada por ciudadanos libres y responsables para forjar su destino.

LA RAZÓN, 15/10/2010

1 comentario:

Unknown dijo...

Los líderes socialdemócratas saben lo que está pasando perfectamente, pero no lo admiten en público. Callan en defensa propia. Mantienen su pose tradicional, fingiendo que el Estado del bienestar sigue en pie y que las subvenciones serán eternas. Y mientras otros intentamos prepararnos para el incierto futuro, sus bases parecen convencidas de que pueden seguir tocando la guitarra y esperando el próximo subsidio. ¿Pero son los votantes socialdemócratas víctimas del engaño de unos políticos arregostados en la cómoda poltrona del poder, o más bien saben que las cosas no van bien y prefieren seguir creyendo a sus líderes por comodidad o por necesidad? He ahí la cuestión.