Como los partidos se nutren de golosas subvenciones públicas, y no de las cuotas de sus militantes, las sucesivas derrotas electorales han dejado al PSOE sin fondos para mantener su aparato. Obligada al ajuste, Elena Valenciano dice: “Tendremos la plantilla que podamos pagar”. De sentido común. De donde no hay, no se puede sacar. En el PSOE como en cualquier empresa o familia. Y no hay líneas rojas que valgan. ¿Por qué entonces esa demagogia socialista cuando lo que está en juego es España misma? Ofrece consenso, pero rechaza la ley que ataja la raíz de nuestros males: gastar lo que no se tiene. Ya se nos puede llenar la boca con el sacrosanto derecho a la sanidad y la educación. Son como el del trabajo, también consagrado en la Constitución. La realidad: más de cinco millones de parados. Así que, en vez de pie en pared, como escucho en la izquierda anacrónica, pongamos los pies en la tierra de una vez, abandonemos partidismos estériles y dejemos de alimentar un debate virtual que no conduce más que al enfrentamiento, la inacción y la ruina asegurada.
Nadie está recortando el derecho a la sanidad por excluir de la cobertura pública la prestación que ahora permite corregir unas orejas de soplillo. O por hacer lo mismo con las vasectomías. Tampoco lo sería por dejar de financiar los abortos a que se someten personas adultas, y por tanto responsables, que no pusieron los medios para evitar un posible embarazo no deseado. Mucho menos cuando sí se han recortado las partidas de asociaciones que ayudan a madres con dificultades ante un embarazo inesperado.
Como el PSOE con su plantilla, los españoles tendremos la sanidad y la educación que podamos pagar. Y quien juegue al populismo de ofrecer lo inviable sólo nos estará empujando al suicidio colectivo.
LA RAZÓN, 13/04/2012
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